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viernes, 18 de mayo de 2018

Escenario climatico infernal para la Tierra.


Según predicen científicos de la NASA, la Tierra podría convertirse en un planeta inhabitable con un clima infernal de nubes de ácido sulfúrico, al igual que el planeta Venus.
Venus hoy tiene una atmósfera de dióxido de carbono 90 veces más gruesa que la de la Tierra. Casi no hay vapor de agua. Las temperaturas alcanzan 462 ºC en su superficie.
Imagen volcan en Venus. NASA
Venus podría haber tenido un océano de agua líquida poco profundo y temperaturas en la superficie habitables hace millones de años en su historia temprana, de acuerdo con modelos realizados por ordenador del antiguo clima del planeta por científicos del Instituto de Estudios Espaciales Goddard (GISS) de la NASA en Nueva York.
Los científicos siempre han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las mediciones realizadas por la misión de la NASA Pioneer a Venus en la década de lo 80 sugirieron por primera vez que Venus originalmente pudo haber tenido un océano. Sin embargo, Venus está más cerca del Sol que la Tierra y recibe mucha más la luz del sol. Como resultado, las moléculas de vapor de agua fueron descompuestas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno se escapó al espacio. Sin agua que quede en la superficie, el dióxido de carbono se acumula en la atmósfera, lo que lleva a un efecto invernadero que creó las condiciones actuales.
Estudios previos han demostrado que la rapidez en que un planeta gira sobre su eje afecta si se tiene un clima habitable. Un día en Venus es de 117 días terrestres. Hasta hace poco, se suponía que era necesaria una atmósfera gruesa como la de Venus actual para que el planeta tuviese una velocidad de rotación lenta como la de hoy en día. Sin embargo, la investigación más reciente ha demostrado que una delgada atmósfera como la de la Tierra moderna podría haber producido el mismo resultado. Eso significa que un antiguo Venus con una atmósfera similar a la de la Tierra podría haber tenido la misma velocidad de rotación que tiene hoy.
Otro factor que afecta al clima de un planeta es la topografía. El equipo GISS propuso que el antiguo Venus tenía el terreno más seco en general que el de la Tierra, especialmente en los trópicos. Esto limita la cantidad de agua evaporada de los océanos y, como resultado, el efecto invernadero por vapor de agua. Este tipo de superficie parece ideal para hacer un planeta habitable; parece tener suficiente agua para albergar vida, con terreno suficiente para reducir la sensibilidad del planeta a los cambios de la luz solar.
Way y sus colegas del GISS simularon las condiciones de un hipotético Venus en sus comienzos con una atmósfera similar a la de la Tierra, un día tan largo como el día actual de Venus, y un océano poco profundo en consonancia con los primeros datos de la nave espacial Pioneer. Los investigadores añadieron información sobre la topografía de Venus a partir de mediciones de radar tomadas por la misión Magallanes de la NASA en la década de los 90, y llenaron las tierras bajas con agua dejando las tierras altas expuestas como continentes venusianos. El estudio también tuvo en cuenta un antiguo sol que era hasta un 30 por ciento más débil. Aun así, el antiguo Venus todavía recibía un 40 por ciento más de luz solar que la Tierra hoy en día.
"En la simulación del modelo de GISS, el lento giro de Venus expone su lado diurno al sol durante casi dos meses a la vez," dijo el co-autor y científico de GISS Anthony Del Genio. "Esto calienta la superficie y produce lluvia que crea una gruesa capa de nubes, que actúa como un paraguas para proteger a la superficie de la mayor parte del calentamiento solar. El resultado es temperaturas climáticas medias que son en realidad unos pocos grados más frías que hoy en día en la Tierra ".
"Aunque Venus fuera habitable en algún momento (…) no pudo escapar de su inevitable destino. Todas las estrellas principales llegan a ser más luminosas con el tiempo, trasladando los límites de la zona habitable cada vez más lejos de su alrededor", precisan.
Es decir, el posible destino de la Tierra puede ser muy semejante, según afirman los científicos Giada Arney y Stephen Kane, resaltando la importancia de investigar Venus.
Sobre el tema: Hawking adviertió que Trump puede convertir a la Tierra en Venus.
El pasado 'húmedo' de Venus: astrónomos afirman que el inhóspito planeta tuvo océanos.
Los investigadores también hacen referencia a un estudio, anteriormente efectuado por los científicos Wolf y Toon. Fue en 2015 cuando los últimos afirmaron que la creciente luminosidad del Sol podría llevar a que las fronteras de la zona habitable se desplazaran más lejos de la Tierra.
El proceso podría llevan unos 1000 millones de años, hasta que la Tierra se encontrara en unas condiciones parecidas a las de Venus.

jueves, 17 de mayo de 2018

Generacion numerica de condiciones climaticas sinteticas.


Con simulaciones numéricas generan condiciones climatológicas extremas, tales como huracanes sintéticos, con el fin de prevenir desastres climáticos.
 • Mediante la simulación es posible visualizarlos de acuerdo con el clima y conocer el oleaje que producirán, explicó Christian Mario Appendini, responsable de la investigación.
  • El estudio es importante porque, por ejemplo, es posible conocer bajo qué condiciones de oleaje se diseñan las plataformas petroleras.
  • Según las proyecciones, en algunas zonas del Golfo de México tendremos oleajes más grandes en los próximos 30 años.
Con el fin de identificar el oleaje que producen los huracanes, un grupo de científicos del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM, en la Unidad Académica Sisal, Yucatán, genera huracanes sintéticos a partir de simulaciones numéricas por computadora.
Imagen: Pronóstico del peligro de oleaje para el huracán Patricia con base en eventos sintéticos. Foto cortesía Christian Mario Appendini.
En el Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros del Instituto, Christian Mario Appendini Albrechtsen encabeza una investigación que reproduce algunos elementos de los huracanes para crearlos e intensificarlos (de manera simulada), mientras los científicos registran los datos.
Se forman en el laboratorio. En un modelo numérico se introduce información como las características de viento, para obtener las condiciones de oleaje que generará el fenómeno natural en su trayectoria. “Entonces podemos hacer mapas con el oleaje máximo”, dijo Appendini.
Este estudio es importante porque permite saber bajo qué condiciones de oleaje se diseñan las plataformas petroleras, ahora que hay licitaciones para explotación de hidrocarburos y que se han otorgado varios bloques en el Golfo de México.
Las condiciones de las zonas en donde se ofrecieron los bloques y el clima actual sugieren olas de diseño de ocho metros, con periodo de retorno de 100 años, “pero si calculamos la altura de la ola de diseño con una proyección de cambio climático, el resultado son olas de 13 o 14 metros”, destacó.
En 2025 se tendrán diseñadas las primeras plataformas, para 2070 comenzarán a operar y 40 años después seguirán funcionando. “Según el escenario de cambio climático, las condiciones serán muy distintas, de ahí la importancia de analizar ahora estos fenómenos”, subrayó.
Con el trabajo de los universitarios también se pueden producir los huracanes bajo un escenario de cambio climático: mediante la simulación numérica es posible visualizarlos de acuerdo con el clima y conocer el oleaje que producirán. “Hemos avanzado, pero aún hay incertidumbre; no obstante, es interesante saber que en algunas zonas del Golfo de México tendremos oleajes más grandes en los próximos 30 años”.
Modelos numéricos con vórtices
Los modelos numéricos que se usan para generar e intensificar los “huracanes sintéticos” son una metodología que considera la física de esos eventos. Se incluyen datos como los vórtices (torbellinos o remolinos de viento que avanzan rápidamente) de baja intensidad y las condiciones de la temperatura superior del océano, que les proporciona energía.
Una parte importante y novedosa es la utilización de huracanes sintéticos para generar y caracterizar oleaje. “Ahora, en vez de tener 180 eventos en el Golfo de México, simulamos la ocurrencia de dos mil, lo que permite determinar de manera más robusta el clima de oleaje generado”, subrayó.
Con su labor, Appendini y sus colaboradores buscan lograr más certidumbre para tener herramientas eficientes, capaces de incidir en políticas públicas.
Fuente: DGCS.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Upgrading integral de biogas con fotobiorreactores de microalgas.

El profesor de la UVa Raúl Muñoz recibe 40.000 euros de la Fundación Domingo Martínez para el desarrollo de una investigación en favor del medio ambiente, titulada:
“Nuevos procesos de microalgas y bacterias para la bioconversión de CO2 de biogás a biopolímeros acoplada a la generación de biometano”.
El proyecto profundiza en las energías renovables y en la búsqueda de alternativas para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero.

[Imagen del Grupo de Tecnología Ambiental del Departamento de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente de la UVa]
La Fundación Domingo Martínez ha concedido una ayuda de 40.000 euros, prorrogable por otros 40.000 para el 2019, al profesor de la Escuela de Ingenierías Industriales de la Universidad de Valladolid Raúl Muñoz para el desarrollo de un proyecto de investigación que profundiza en las energías renovables y en la búsqueda de alternativas para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEIs). Raúl Muñoz Torre es investigador del Grupo de Tecnología Ambiental del Departamento de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente de la UVa.
El título del proyecto de Raúl Muñoz es “Nuevos procesos de microalgas y bacterias para la bioconversión de CO2 de biogás a biopolímeros acoplada a la generación de biometano”.
La creciente demanda de energía a nivel mundial procede en más de un 85% de los combustibles fósiles como el carbón, gas natural o petróleo y aproximadamente el 80% de las emisiones de CO2 a la atmósfera provienen de este tipo de combustibles. Ello evidencia que una de las principales medidas para la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) pasa por la búsqueda de nuevas alternativas a estos combustibles fósiles. El biogás, cuya producción en Europa alcanzará los 20 billones de Nm3/año en 2030, constituye el subproducto de la digestión anaerobia de residuos con mayor potencial de revalorización y se presenta como una de las fuentes de energía renovables más prometedoras.
A pesar de su enorme potencial, el coste relativamente elevado de su producción, unido a la falta de incentivos fiscales para su uso y a la presencia de contaminantes como CO2, H2S, NH3 y Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs), han limitado el aprovechamiento de este biogás. Por tanto, el desarrollo de tecnologías de conversión de biogás a biometano mediante la eliminación de CO2 es crucial para asegurar la competitividad de este biorecurso. En este contexto, el aumento esperable en la producción de biogás a nivel mundial conllevará en los próximos años la disponibilidad de enormes cantidades de CO2 residual (a altas concentraciones) con potencial para ser revalorizado en la propia planta de digestión anaerobia, aumentando la viabilidad económica del proceso de gestión de residuos y reduciendo su huella de carbono.
El proyecto que va a desarrollar el profesor de la UVa Raúl Muñoz contribuirá a la creación de una bioeconomía europea menos dependiente de combustibles fósiles y basada en el uso de materias primas biológicas. Este proceso es medioambientalmente más amigable y más económico que cualquier proceso de conversión catalítico de electro-reducción de CO2 a productos orgánicos.
Por un lado, se optimizará el diseño y operación de procesos simbióticos de microalgas-bacterias, implementados en fotobiorreactores interconectados a unidades externas de absorción mediante una recirculación del medio de cultivo, como plataforma tecnológica para el upgrading integral de biogás (eliminación de CO2, H2S, NH3 y COVs en un solo proceso), minimizando la desorción de O2 y N2 al biometano y promoviendo la acumulación de PHAs en la biomasa algal. Estrategias como la implementación de: unidades de desgasificación por membranas de la corriente de recirculación; torres de absorción a presión; intensificación en la columna del consumo biológico del O2 y N2 disuelto y fotobiorreactores cerrados, permitirán obtener tanto una eliminación completa del CO2 como un biometano de calidad suficiente para su uso en automoción o su inyección en redes de gas natural.
Fuente: Gabinete de Comunicación UVa

martes, 15 de mayo de 2018

Primera gran camara climatica de cultivo espacial avanzado.

El primer prototipo de cámara climática para cultivos espaciales proyectada por la NASA, representa fielmente una versión experimental del recinto de cultivo de vegetales denominado Hábitat de  Plantas Avanzadas (APH) y que servirá como medio de supervivencia de astronautas en misiones de larga duración.
Se trata del recinto climático más grande jamás construido para la Agencia Espacial Norteamericana.
Crédito de la imagen: NASA / Bill White.
En la cámara climática de investigación instalada en un laboratorio especializado del Centro Espacial Kennedy de Florida, los ingenieros del proyecto y los científicos investigan para optimizar el cultivo de unas plantas que puedan servir de soporte de vida para futuros exploradores planetarios.
La unidad está formada por un sistema de climatización de aire en circuito cerrado con control  de temperatura, humedad y calidad del aire y con capacidad para albergar grandes plantas. El sistema utilizará iluminación LED fotosintéticamente activa, con composición de colores rojos, verdes y azules, similar al sistema de crecimiento Veggie que se encuentra actualmente en la Estación Espacial Internacional y que facilita la estimulación de las clorofilas.
El APH también tiene la capacidad de utilizar LEDs blancos y luz infrarroja para la estimulación de los carotenoides. La unidad APH tendrá 180 sensores y cuatro veces la potencia de luz de Veggie. El experimento de cultivo a pequeña escala, llamado Plant Habitat 1, ó PH01, investiga además con semillas de Arabidopsis y otras plantas con flores relacionadas con el repollo y la mostaza.
Fuente: NASA

lunes, 14 de mayo de 2018

Recubrimientos de grafeno contra la corrosion vitrea.

Generalmente, cuando hablamos de corrosión, existe una tendencia a pensar únicamente en el fenómeno de desintegración de los metales, pero también el proceso es aplicable a otro tipo de materiales tales como el vidrio.

En el caso del vidrio, cuando la superficie se vuelve traslúcida y áspera, o presenta una coloración blanquecina, se tiende a pensar que se trata de deposiciones calcáreas, cuando en realidad se trata de un fenómeno de corrosión. 
La corrosión del vidrio es de gran importancia para la industria, especialmente en sectores tales como el envasado de productos farmacológicos y cosméticos, material de análisis en los laboratorios químicos (probetas, buretas, etc.,) y muy especialmente en la industria óptica (gafas, microscopios, fotografía, industria fotovoltaica, etc.
Aunque el vidrio en general posea una elevada resistencia química, el vidrio puede corroerse en ambientes húmedos y cálidos, especialmente cuando en su composición básica esté presente el SiO2 en forma de silicatos, (formulación de vidrio más comúnmente utilizada).
Tanto es así que en un reciente trabajo publicado en la revista ACS Nano por investigadores coreanos del Institute for Basic Science y el Ulsan National Institute of Science and Technology,  los científicos han mostrado que un recubrimiento de grafeno puede prevenir el efecto de la corrosión en este tipo de vidrios al actuar como una barrera que impide la difusión de iones protegiéndolos contra la corrosión.
El proceso de corrosión del vidrio en contacto con el agua se describió hace ya unas décadas y consiste en un complejo y lento proceso que implica una difusión e intercambio de iones en la superficie del vidrio. El proceso empieza con la adsorción del agua en la superficie del vidrio, momento en el que iones de hidrógeno difunden dentro de la estructura del vidrio y se intercambian con iones de metales alcalinos presentes en la estructura, especialmente de Na2O. Como resultado de esto, en la superficie del vidrio se acumulan los iones hidroxilo, que serán los que provoquen la corrosión del vidrio al romper los enlaces siloxano del SiO2 que constituye la base del material. La composición del vidrio y el pH del agua, por tanto, influirán claramente en todo el proceso.
Para combatir este proceso de corrosión, desde hace tiempo se habían probado distintos métodos como recubrimientos poliméricos o la aplicación de nanotubos de carbono para formar una barrera protectora. El objetivo ideal sería el de un recubrimiento delgado, transparente, poco permeable al agua y resistente químicamente, características que cumple el grafeno a la perfección. De hecho, ya se había empleado con éxito para proteger superficies de cobre o níquel de la oxidación.
En el presente trabajo, los autores estudiaron la evolución de los defectos que pudiesen aparecer en la superficie de tres muestras distintas tras introducirlas en agua destilada a 60ºC durante 120 días. Una de las muestras era una lámina de vidrio sin ningún tratamiento; otra era la misma lámina a la que se le había transferido una capa de grafeno (G1) y la última era otra lámina con dos capas de grafeno (G2). Estas capas de grafeno, fabricado mediante CVD, se colocaron en ambas caras de las piezas de vidrio.
Mediante Microscopía de Fuerza Atómica (AFM) se siguió la evolución de la corrosión de cada una de las muestras a intervalos regulares. Los resultados mostraron que la muestra sin capa protectora alguna sufría un importante desgaste en la superficie durante los primeros 40 días, con amplias zonas de topografía muy irregular que, con el tiempo, se iban suavizando hasta desgastarse toda la superficie uniformemente pero de forma más suave. Los investigadores achacan este hecho a una combinación de corrosión química y una posterior erosión física. En contraste, las muestras a las que se les aplicó algún recubrimiento de grafeno apenas mostraron cambios en su superficie en los 120 de experimento. Además, tampoco se observaron diferencias significativas entre la muestra G1 con una capa de grafeno y la G2, con dos capas.
Los efectos de la corrosión se comprobaron además mediante ensayos de fractura de las muestras, comprobando la variación de su resistencia mecánica según el tiempo de inmersión en el agua destilada. Los resultados mostraron tendencias paralelas a las imágenes del AFM; esto es, con el tiempo, la muestra sin recubrimiento sufría un descenso en la resistencia a la fractura mientras que las muestras G1 y G2 mantenían su resistencia prácticamente constante después de los 120 de inmersión.
Los investigadores concluyen que se trata de un método prometedor para la protección del vidrio de silicato frente a la corrosión, aunque el reto en la actualidad es todavía el de obtener grandes superficies de grafeno CVD que se puedan transferir fácilmente a las superficies de vidrio a proteger. Sin embargo, bastaría con una capa de grafeno, ya que los resultados muestran que solo esta capa es suficiente para obtener una buena resistencia, siendo además mejor para aplicaciones ópticas ya que su transmitancia es obviamente mayor.

martes, 1 de mayo de 2018

Prediccion climatica a 100 años con el MareNostrum 4.

El supercomputador MareNostrum 4 dedica a la ciencia 11,1 Petaflops. Su capacidad de investigación le permite manejar volúmenes inmensos de datos atmosféricos a todas las alturas y en todos los lugares del mundo, a través de los cuales es capaz de realizar predicciones climáticas para los próximos 100 años.


El MareNostrum 4, propiedad del Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), está íntegramente destinado a la generación de conocimiento científico y su arquitectura computacional le ha valido el título de “el más diverso e interesante del mundo”, según expertos internacionales. El Ministerio de Economía, Industria y Competitividad ha financiado la adquisición del supercomputador, cuya compra e instalación ha tenido un coste total de 34 millones de euros.
Según el ranking Top500 (publicado el pasado 19 de junio), el clúster de propósito general de MareNostrum 4 es el tercero más rápido de Europa y el decimotercero del mundo. El Top500 es una lista que se basa en la rapidez de los superordenadores para ejecutar un programa llamado linpack.
Los superordenadores son útiles para la investigación básica y aplicada por su capacidad de realizar grandes cálculos, ejecutar grandes simulaciones complejas y analizar grandes volúmenes de datos. Hoy en día son utilizados prácticamente por todas las disciplinas científicas, desde la astrofísica o la física de materiales, pasando por la biomedicina, y también por la ingeniería y por la industria.
Entre los proyectos que ejecuta MareNostrum 4 durante su primer cuatrimestre de producción, se incluyen investigaciones sobre el cambio climático, las ondas gravitacionales, la vacuna contra el sida, nuevas terapias de radiación contra el cáncer y simulaciones sobre la producción de energía de fusión, entre otros.
Acceso a través de comités científicos
MareNostrum 4 está a disposición de los científicos de toda Europa a través de procesos de selección gestionados por comités científicos. Para poder utilizarlo, los investigadores deben presentar una petición a la Red Española de Supercomputación (RES) – que da acceso al 16% de las horas de cálculo de la máquina- o a PRACE (Partnership for Advanced Computing in Europe) –que gestiona el acceso al 80% de las horas de cálculo. El 4% restante está a disposición de los investigadores del BSC-CNS. El superordenador MareNostrum está catalogado como Infraestructura Científico-Técnica Singular por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.
El Barcelona Supercomputing Center –Centro Nacional de Supercomputación es el centro líder de la supercomputación en España. Su especialidad es la computación de altas prestaciones, también conocida como HPC (High Performance Computing) y su función es doble: ofrecer infraestructuras y servicio en supercomputación a los científicos españoles y europeos, y generar conocimiento y tecnología para transferirlos a la sociedad.
El Barcelona Supercomputing Center cuenta con una plantilla de 500 trabajadores, de los cuales 27 forman parte del departamento de Operaciones, que gestiona el superordenador, y unos 400 se dedican a hacer investigación en áreas muy diversas. El departamento de mayor tamaño es el Ciencias de la Computación, en el que se trabaja para influir en cómo se construirán, programarán y utilizarán los superordenadores del futuro. También se realizan investigaciones en el terreno de la medicina personalizada y el descubrimiento de fármacos, cambio climático, calidad del aire e ingeniería.
El BSC-CNS es un Centro de Excelencia Severo Ochoa, miembro de primer nivel de la infraestructura de investigación europea PRACE (Partnership for Advanced Computing in Europe) y gestiona la Red Española de Supercomputación (RES). Fue creado en 2005 y es un consorcio formado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España (60%), el Departament d’Empresa i Coneixement de la Generalitat de Catalunya (30%) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) (10%).
Datos técnicos sobre el MareNostrum 4
MareNostrum 4 ha sido calificado como el superordenador más interesante del mundo por la heterogeneidad de su arquitectura que tendrá una vez su instalación esté completa. Su velocidad total será de 13,7 Petaflops. El superordenador cuenta con dos partes diferenciadas: un bloque de propósito general y uno de tecnologías emergentes. Además, tiene cinco racks de almacenamiento con capacidad para archivar 14 Petabytes (14 millones de Gigabytes) de datos. Todos los componentes están conectados entre sí a través de una red de alta velocidad Omnipath.
El bloque de propósito general tiene 48 racks con 3.456 nodos. Cada nodo tiene dos chips Intel Xeon Platinum, con 24 procesadores cada uno, lo que suma un total de 165.888 procesadores y una memoria central de 390 Terabytes. Su potencia pico es de 11,15 Petaflops. Aunque su potencia es diez veces mayor que la de MareNostrum 3, su consumo energético solamente aumentará un 30% y pasará a ser de 1,3 MWatt/año.
El bloque de tecnologías emergentes está formado por clústeres de tres tecnologías diferentes que se irán incorporando y actualizando a medida que estén disponibles. Se trata de tecnologías que actualmente se están desarrollando en Estados Unidos y Japón para acelerar la llegada de la nueva generación de supercomputadores pre-exascala. Son las siguientes:
Clúster constituido por procesadores IBM POWER9 y GPUs NVIDIA Volta, con una potencia de cálculo superior a 1,5 Petaflops. Tanto estos procesadores como los GPUS son los mismos que IBM y NVIDIA utilizarán para los superordenadores Summit y Sierra que el Departamento de Energía de los EE.UU. ha encargado para los laboratorios nacionales de Oak Ridge y Lawrence Livermore.
Clúster formado por procesadores Intel Knights Hill (KNH) con una potencia de cálculo superior a los 0,5 Petaflops. Estos procesadores son los mismos que tendrán los supercomputadores Theta y Aurora que el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha contratado para el Laboratorio Nacional de Argonne.
Clúster compuesto por procesadores 64 bit ARMv8 en una máquina prototipo con una potencia de cálculo superior a los 0,5 Petaflops. Este clúster utiliza la tecnología de vanguardia del superordenador japonés Post K.
La incorporación progresiva de estas tecnologías emergentes en MareNostrum 4 tiene como objetivo que el BSC-CNS pueda operar con los que, se espera, serán los desarrollos más punteros en los próximos años y comprobar, además, su idoneidad de cara a futuras versiones de MareNostrum.
MareNostrum 4 dispone de una capacidad de almacenamiento en disco de 14 Petabytes y está conectado a las infraestructuras Big Data del BSC-CNS, que tienen una capacidad total de 24,6 Petabytes. Como sus antecesores, MareNostrum 4 también está conectado a la red de centros de investigación y universidades europeas a través de las redes RedIris y Geant.

La felicidad climatica.


Según un estudio publicado en la revista Plos One, las condiciones climáticas influyen de manera significativa en la felicidad de los seres humanos.
El estado de ánimo en el conjunto de una población es óptimo cuando la temperatura máxima diurna se sitúa alrededor de 25 grados, la mínima nocturna alrededor de 10, y además no llueve, la humedad es moderada y hay pocas nubes en el cielo.
Es la conclusión a la que ha llegado una investigación que ha analizado 2.400 millones de posts de Facebook y 1.100 millones de tuits sobre un periodo de ocho años, lo que la convierte en la investigación más amplia que se ha realizado sobre la relación entre meteorología y estado de ánimo. Los investigadores han relacionado palabras y expresiones que reflejan emociones positivas y negativas (como “contento” o “triste”) y las han relacionado con la situación meteorológica del lugar desde el que se envió cada mensaje.
Los resultados, presentados esta semana en la revista Plos One, detectan una relación significativa entre la meteorología y las emociones expresadas en las diferentes redes sociales.
La variable que más influye es la temperatura. La máxima frecuencia de expresiones positivas, y la mínima de expresiones negativas, se registra cuando la temperatura máxima diaria se sitúa en la franja de 20 a 30 grados. A medida que el valor se aleja de esta franja, tanto por encima de los 30 como por debajo de los 20, desaparece el buen humor de notas y tuits y aumentan las expresiones de malestar.
La variable que más influye en el estado de ánimo es la temperatura.
Además de mediodías cálidos, la mayoría de personas agradecen que las noches sean frescas: escriben mensajes más positivos cuando la diferencia entre la temperatura máxima y la mínima alcanza los 15 grados. “Pensamos que puede estar relacionado con los efectos negativos sobre el sueño de las temperaturas nocturnas elevadas”, señala por correo electrónico Nick Obradovich, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y coautor del estudio.
Después de la temperatura, la segunda variable meteorológica que más influye en el bienestar es la lluvia. “El efecto es bastante lineal –explica Obradovich–. Cuanta más cantidad de precipitación, peores sentimientos”.
Se ha detectado también una correlación del bienestar con la humedad y con la nubosidad, informa Esteban Moro, investigador del MIT y de la Universidad Carlos III de Madrid y coautor del estudio. Así, las expresiones de mal humor aumentan y las de buen humor se reducen cuando la humedad ambiental se sitúa por encima del 80%. Las mismas tendencias se observan con cielos muy cubiertos, mientras que los días soleados con cielos despejados se asocian a mensajes más positivos.
“Se ha detectado también una correlación del bienestar con la humedad y con la nubosidad”
Esteban Moro investigador del MIT y de la Universidad Carlos III de Madrid Estos efectos se han observado incluso cuando se retiran de la muestra analizada todos los mensajes que contienen palabras relacionadas con la meteorología.
Los investigadores concluyen en Plos One que “condiciones meteorológicas no ideales están relacionadas con sentimientos más negativos”.
San Sebastián. (Javier Etxezarreta / EFE) Aunque la investigación se ha basado en mensajes enviados desde Estados Unidos, Obradovich y Moro consideran que los resultados son extrapolables a España, que se encuentra en las mismas latitudes que el centro de EE.UU.
Los datos reflejan las preferencias del conjunto de la población que escribe tuits y notas, no las de cada persona. Un estudio anterior realizado en Holanda identificó cuatro perfiles principales de personas en su relación con la meteorología: las que se sienten mejor cuando llega el calor; las que se sienten peor con el calor; las que se sienten mal con la lluvia, gráficamente llamadas rain haters (es decir, odiadoras de lluvia); y las indiferentes.
Fuente: Dr. Enrique Rubio.