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lunes, 31 de julio de 2017

China empleaba cromo contra la corrosion hace 2000 años.

El arqueólogo Marcos Martinón-Torres, catedrático del Instituto de Arqueología del University College de Londres, que viene investigando sobre los guerreros de Xian desde hace años, ha realizado un importante descubrimiento relacionado con el control de calidad y el tratamiento de superficies contra la corrosión empleado en las armas que acompañan a los soldados de terracota conocidos como los guerreros de Xian.
“Una de las cosas que descubrimos analizando las armas que tienen filo es que, si las pones bajo el microscopio, ves unas estrías perfectamente rectas y paralelas que son diagnóstico del uso de un instrumento de afilar rotatorio. Esto demuestra que no se escatimó en esfuerzos para lograr materiales de larga duración; de hecho parece que existían muchos talleres pequeños operando de forma coordinada bajo una dirección organizada, probablemente con un control de calidad común” ha manifestado a los medios.
Al arqueólogo le intrigaba saber por qué las armas estaban tan bien conservadas, debido a que los bronces prehistóricos generalmente suelen tener un color verdoso típico del óxido de cobre de la aleación de los bronces, mientras que en el caso de las armas de los guerreros de Xian, estas se mantienen sorprendentemente brillantes y afiladas.
Investigando sobre ello, descubrió que en la superficie metálica de estas armas existen trazas de cromo.
El sorprendente hallazgo confirma que hace más de 2.000 años los artesanos ya conocían la  técnica de protección contra la corrosión mediante tratamientos con cromo; técnica que nosotros empleamos en la actualidad y que creíamos haber descubierto en los años veinte del siglo pasado, con el florecimiento de la metalografía, la consolidación del control de calidad y la investigación metalúrgica.
Martinón-Torres y su equipo han analizado la composición química del bronce de 1.600 puntas de flecha. Los resultados sugieren que cada carcaj encontrado, con 100 flechas cada uno, procede de talleres diferentes, que habrían producido todo: desde la punta de flecha de bronce hasta las plumas, pasando por el astil de bambú. Algunas de sus conclusiones se han venido publicando en la revista especializada Journal of Archaeological Method and Theory.