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martes, 3 de enero de 2017

Paulownia: El arbol regenerador de la vida climatica.

El árbol que podría salvar el clima terrestre, y con ello la vida sobre la Tierra, recibe los nombres de “Kiri”, “Paulownia Tormentosa”, o también “Princesa Real”.

Este árbol, considerado el de crecimiento más rápido de la Tierra, puede llegar a medir hasta 10 metros de altura, tiene unas cualidades extraordinarias y es de una gran belleza.
El kiri no sólo absorbe diez veces más dióxido de carbono que cualquier otro árbol del planeta, sino que además emite grandes cantidades de oxígeno.
Desde el punto de vista paisajista posee un alto valor ornamental, especialmente cuando florecen de una manera espectacular en racimos de florales suntuosos, que van del blanco al rosa, violeta o azul.
La Paulownia recibe su nombre de la Gran Duquesa Anna Pavlovna, hija del Zar Pablo I de Rusia. También se la conoce como árbol de la emperatriz o kiri. La especie más conocida es la paulownia tomentosa, nombre que se debe al tormento o vellosidad que recubre el reverso de sus hojas.
Originaria de China, crece tanto en valles bajos como en alta montaña, incluso por encima de los 2 mil metros de altura sobre el nivel del mar.
En invierno, cuando pierde todas sus hojas, aporta una rica y abundante capa de hojarasca de rápida descomposición, que aumenta la calidad del suelo debido a la elevada concentración de nitrógeno que posee; de ahí su elevada importancia en la recuperación de terrenos estériles.
Este árbol es capaz de crear un microclima en su entorno, aumentando la humedad relativa y favoreciendo la producción de cultivos vegetales.
Su capacidad de crecimiento es tal, que una semilla es capaz de alcanzar en ocho años el mismo tamaño que un roble de 40 años, pudiendo llegar a medir casi cinco metros de altura en  un solo año.
Otra característica importante de cara a la sostenibilidad, es su capacidad de sobrevivir a los incendios, especialmente sus raíces, las cuales poseen la facultad de regenerarse y crecer de forma muy rápida.
Puede ser talado y rebrotar desde las raíces preexistentes (como el ave fénix); de ahí el nombre de “árbol Fénix”.
Tiene una longevidad de hasta 100 años y rebrota hasta 5 veces del mismo tronco madre.
Las abejas son muy atraídas por sus flores. Los apicultores afirman que su miel es la mejor del mundo.
Las raíces, al no ser rastreras, no producen roturas pavimentales ni desperfectos en las infraestructuras, siendo por tanto un árbol muy apreciado para arquitectura urbana.
Por todo ello, muchos países ya están proyectando utilizar estos árboles, no solo por razones arquitectónicas y paisajísticas, sino fundamentalmente por razones de sostenibilidad como medio para luchar contra el cambio climático. Un ejemplo de ello es el llamado proyecto “Kiri revolution”, consistente en la plantación de un millón de ejemplares en Texas (EEUU), precisamente en terrenos estériles degradados por los vertidos tóxicos industriales.