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martes, 22 de noviembre de 2016

La corrosion automovilistica: Un problema de control de calidad.

Los metales situados a la intemperie sufren procesos corrosivos derivados de ambientes químicamente activos propios del lugar en que se encuentran, siendo necesario emplear recubrimientos específicos para lograr la debida protección, en función de los riesgos climáticos existentes en el entorno habitual.
 
El mayor problema sobreviene cuando los metales cambian de lugar, sometiéndose a la acción de la intemperie bajo diversos climas extremos, tales como ambientes corrosivos industriales, urbanos, marinos, etc., lluvia, salpicaduras de agua y sal en las carreteras, variaciones térmicas, etc. Es el caso de los automóviles; y en particular de los metales empleados en automoción. Veamos algunos ejemplos:
Corrosión en la carrocería
Cuando los revestimientos no son correctos, o existen daños superficiales no cuidados, a veces se forma óxido en la parte inferior, la zona más expuesta a los climas extremos, la contaminación ambiental y la suciedad.
Frenos con óxido
En ocasiones se oxidan partes metálicas del sistema de frenado, lo que puede deteriorar el sistema o producir fugas de líquido. Están preparadas para que no ocurra nunca en la vida del coche. Para detectarlo es necesario observar los bajos del coche y, si hay fugas, comprobando si desciende el nivel del líquido de frenos (se encenderá el testigo en el cuadro de mandos) o si se detectan manchas donde está aparcado.
Los discos de freno son piezas de acero que van unidas a la rueda mediante la mangueta. Cuando se pisa el pedal del freno, la pastilla roza contra él y se reduce la velocidad. Su duración depende del tipo de conducción y del coche, pero es de unos 100.000 km. A partir de ahí pueden deformarse (se nota porque el volante vibra mucho al frenar) u oxidarse, por la zona en la que van unidos a la rueda (se aprecia si se desmonta el neumático).
Si partimos de la base de la obligatoriedad de que los fabricantes de automóviles deberían emplear los recubrimientos adecuados, la corrosión no debería aparecer, salvo en vehículos muy viejos, pero desgraciadamente, aunque parezca mentira, hasta las grandes marcas, a veces, tienen fallos de calidad que pueden derivar en problemas de corrosión prematura.
De todo ello son testigos las noticias repetidas sistemáticamente por casi todos los fabricantes de automóviles que hacen llamadas a revisión de vehículos afectados por corrosión.
Por ejemplo la noticia difundida por Euro News, relativa a la Indemnización multimillonaria de Toyota por el escándalo de la corrosión en algunos de sus vehículos.
Aunque la condena deberá ser ratificada por un juez de Los Ángeles, la firma japonesa deberá desembolsar más de 3.100 millones de euros para indemnizar a 1,5 millones de  propietarios estadounidenses que compraron vehículos afectados por corrosión entre los años 2005 y 2010, particularmente las camionetas Tacoma y Tundra y los todoterrenos Sequoia
El litigio ha sido provocado por las  demandas de asociaciones de propietarios de los estados de Arkansas y California, los cuales denunciaron  la existencia prematura de corrosión en las carrocerías metálicas de los vehículos.
U otra relativa a la firma Mitsubishi, a través de la cual, la Administración Nacional para la Seguridad en Carretera de Estados Unidos (NHTSA), acaba de publicar una llamada a revisión que afecta a 200.000 Mitsubishi en el país, debida a un defecto en el sistema del limpiaparabrisas que produce que aparezcan signos de corrosión. En casos extremos, el agua, al parecer, se podría filtrar entre el capó del coche y el parabrisas, ocasionando de esta forma que aparezca óxido en varios componentes internos, lo que con el paso del tiempo podría acabar provocando que los sistemas implicados dejaran de estar operativos, con el consiguiente riesgo que esto conlleva.
Todo ello, no es más que una muestra de la importancia del control de calidad en este sector tan sensible a las inclemencias del tiempo y que tantos riesgos acarrea a la población.